La selección argentina de natación llevó a cabo un campus de alto rendimiento a 2.600 metros sobre el nivel del mar en Bogotá, Colombia, entre el 24 de junio y el 12 de julio. El trabajo en altura forma parte del plan anual presentado al ENARD y tuvo como objetivo principal la preparación de los atletas de cara a los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026 y el circuito de competencias de 2027.

El Centro Acuático Compensar de Bogotá fue la sede del campus de alto rendimiento de la selección argentina de natación, una experiencia de 19 días de trabajo intensivo que representa uno de los puntos más exigentes del calendario de preparación. La actividad estuvo encuadrada dentro del plan de trabajo que la CADDA presentó al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) para la temporada 2026.

El grupo convocado estuvo integrado por cuatro nadadores: Cecilia Dieleke y Laila Chain en la rama femenina, y Felipe García Berbel y Maximiliano Aguilar Macchion en la masculina. Todos ellos tienen clasificaciones o proyecciones hacia eventos de primer nivel: los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026, los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, el Campeonato Pan Pacific Juvenil 2026 en Canadá y el Campeonato Mundial Juvenil 2027. El cuerpo técnico del ENARD para juveniles estuvo a cargo de las sesiones, con José Luis Weigandt y Walter Rodríguez al frente del trabajo.

La planificación contempló 23 sesiones de agua en doble turno diario, más 9 sesiones semanales de gimnasio bajo los programas de preparación física personalizados de cada atleta. Cada nadador trabajó con un plan individual adaptado a sus pruebas más competitivas y a los torneos que tiene como objetivos en el corto y mediano plazo, una metodología que permite maximizar el rendimiento sin descuidar las particularidades de cada perfil.

Un aspecto diferencial del campus fue el componente científico: los atletas se sometieron a controles periódicos mediante análisis de sangre para monitorear las variables fisiológicas que genera el entrenamiento en altura. Este tipo de protocolos permite al cuerpo técnico ajustar las cargas de trabajo en tiempo real y verificar que la adaptación al ambiente hipóxico se produzca de forma óptima.

Entrenar a 2.600 metros de altitud estimula la producción de glóbulos rojos y mejora la capacidad de transporte de oxígeno, lo que se traduce en una ganancia de rendimiento al competir a nivel del mar. Por eso el campus se programó semanas antes de las competencias objetivo, para que los efectos de la altura se expresen en el momento justo.

La experiencia fue valorada positivamente por el equipo técnico, y la intención es repetirla en un futuro próximo como parte del proceso de formación de los mejores nadadores argentinos de las categorías juvenil y mayor.